Si hay algo que para mí es una pesadilla son las motos, desde niña les tengo miedo. Sin embargo, el domingo a las ocho de la mañana ya yo estaba en el parque La Sabana, donde los diferentes grupos de motociclistas se reúnen para salir juntos a un destino siempre diferente.Ni sabía en qué parte del parque se reunían, pero fue fácil encontrar a 50 pesadillas y a sus respectivos dueños vestidos con ropa oscura, gorras, jackets de cuero y jeans.
Me acerqué nerviosa y los miembros del grupo rápidamente notaron que había un elemento que no pertenecía. Pregunté por alguien que me pudiera dar una entrevista, "Sí, aquel pelón vestido de negro, Chizo, ese es el líder".
El pelón vestido de negro estaba a veinte motos más allá. Tuve que pasar a través de esas máquinas pesadas, con motores de más de mil centímetros cúbicos, para llegar donde Chizo.
El líder resultó ser una dulzura de persona y rápidamente me presentó a otros motociclistas para que yo hiciera mis preguntas.
El dueño de la imponente Harley-Davidson es el gerente de una empresa financiera; el de la pesada jacket de cuero es doctor; el señor de pelo largo fue el encargado de entregar una silla de ruedas que el grupo de motociclistas compró para una persona pobre; y, la señora sexy de botas es estilista.
Mientras conversábamos sonó una campana. Era el momento de aplaudirle a los dos compañeros con moto nueva y felicitar a un cumpleañero. La canción de cumpleaños era acompañada por una cornetita que tocaba uno de los motociclistas. Yo estaba tan entretenida cantando que hasta se me habían olvidado las 50 pesadillas que me rodeaban y no me dí cuenta que ya todos estaba montados en las motos y listos para salir.
Se acabó la canción y arrancó la cosa. Un escándalo de motores, el humo salía de las muflas, olía a gasolina, y las motos me pasaban por todo lado.
Se fueron y yo quedé temblando, pero valió la pena. Jamás me había imaginado que las motos, esas máquinas tan frías, son el punto de unión de gente tan cálida.
1 comentarios:
Dejame decirte nena, que dependiendo del punto de vista del que se las mire, las motos pueden dejar de ser máquinas frías y convertirse en las mejores historias posibles (en papel o en la vida).
Yo también conozco gente fría que anda sobre un cálido y amoroso motor de Yamaha...
Depende, como te digo, del ángulo en el que te acomodés para sentir mientras pasa el olor del humo y el aceite quemado (que a mi en lo personal, me encantan).
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